UN
BUEN AMIGO
Hace
muchos, muchos años, el ciervo, el perro, la liebre y la tortuga estaban
siempre juntos. Todos los días, al atardecer, la tortuga desaparecía. Por la
mañana volvía y obsequiaba a sus compañeros con frutas riquísimas. Pero por más
que le preguntaban dónde las conseguía, ella no revelaba su secreto. Sin
embargo, tanto le insistieron que una noche los dejó que la acompañaran.
- Os
aviso de que los frutales están vigilados por un hombre -dijo la tortuga-. Yo
espero a que él se vaya a dormir y luego recojo la fruta caída en el suelo.
-
Pues nosotros haremos lo mismo -intervino el perro.
-
Sí... Pero muchas veces, mientras estoy bajo los árboles, me caen frutas
maduras y... ¡me llevo unos golpes! Temo que, si esto te ocurre a ti, te pongas
a ladrar y despiertes al hombre... ¡Correríamos un gran peligro!
- No
te preocupes. Estaré bien calladito -dijo el perro.
Y con
esa firme promesa, los cuatro amigos se dirigieron al campo de frutales.
Cuando
la tortuga dio la señal, empezaron a recoger las frutas. Pero no tardaron en
sentir unos buenos coscorrones. Todos aguantaron bien el dolor. En cambio, el
perro se puso a ladrar en el silencio de la noche. Sus amigos corrieron a
esconderse. Pero él no se movió y siguió ladrando.
-
¡Con que eres tú quien roba mi fruta! –gritó un hombre mientras arrastraba al
perro hasta un poste y lo amarraba. Desde su escondrijo, sus tres amigos lo
presenciaron todo y, se alejaron de allí apesadumbrados.
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